sábado, 8 de noviembre de 2008

las migraciones



bueno por fin pongo una entrada .
es la entrada de un pais de persona que nacieron o proceden de otro lugar La inmigración ha sido una característica permanente de las ciudades desde el comienzo de la historia. La inmigración es consustancial a la ciudad y ha significado una aportación de gran valor, factor de crecimiento económico y de innovación. Y lo sigue siendo hoy a pesar de que los cambios en las sociedades desarrolladas exigen en la actualidad una menor demanda de mano de obra y, por consiguiente, un menor número de inmigrantes para el mercado de trabajo. En esta exposición hablaré sucesivamente de: los inmigrantes en la ciudad; los efecto positivos de la inmigración para las ciudades; la segregación y el conflicto social; migración y cualificación en la crisis del Estado del Bienestar; y las relaciones entre inmigración y el mercado de trabajo, así como los problemas de localización en la ciudad. La exposición se cierra con unas reflexiones finales.
De una manera general, puede afirmarse que el crecimiento urbano se ha producido por la inmigración y sólo en parte ha sido generado internamente por el incremento natural de su población. Es cierto que en algunas ocasiones la llegada de los inmigrantes y, en la época contemporánea, la disminución de la mortalidad ha mejorado el crecimiento vegetativo urbano. Pero son los inmigrantes quienes han seguido asegurando, en lo fundamental, la expansión de las ciudades.

Desde hace tres siglos -es decir desde el famoso estudio de John Graunt, en 1667, y desde los análisis de los economistas y aritméticos políticos europeos del XVII y XVIII- se sabe que las ciudades tenían un exceso crónico de muertes en relación con el número de nacimientos, así como cifras más bajas de natalidad que las áreas rurales. Es decir que la población urbana no podía reemplazarse por el crecimiento natural. En buena parte, eso era debido a las terribles epidemias que se abatían sobre las ciudades y elevaban brúscamente su mortalidad. Desde el siglo XVIII se sabe también que eso era debido a la insalubridad de las ciudades, motivada por las fuertes cifras de densidad y -podemos añadir hoy- por la facilidad del contagio en esas concentraciones humanas.

Los inmigrantes encontraban en la ciudad nuevas oportunidades de empleo. Y se integraban también rápidamente desde el punto de vista demográfico, contrayendo pronto matrimonio con los nativos.

Conocemos, en efecto, que desde la baja edad media y durante toda la edad moderna las ciudades europeas se caracterizaron por un índice bajo de masculinidad, es decir un exceso de mujeres, lo que se traduce, a su vez, en cifras más elevadas de celibato femenino y en una menor fertilidad. Eso daba oportunidades a los inmigrantes varones. Por esa razón, dichos inmigrantes podían encontrar de forma relativamente rápida una esposa, lo que desde luego era más difícil para las mujeres. En todo caso, los matrimonios entre personas de diferentes procedencias geográficas eran un fenómeno generalizado.

Las migraciones fueron, sin duda, el factor clave en la regulación de las poblaciones urbanas en la sociedad preindustrial. La ciudad necesitaba de la inmigración para mantener su población estable y más aún para aumentarla. Y en muchas ocasiones dicha inmigración era verdaderamente esencial.

En primer lugar, cuando se producían episodios de fuerte mortalidad por epidemias; lo cual generaba elevados aflujos de población que rápidamente reemplazaba a la fuerza de trabajo que moría, y que podía suponer la pérdida del 20 al 40 por 100 de su población. Y también cuando aumentaba el dinamismo de su economía por la realización de nuevas inversiones.

La situación demográfica de las ciudades empezó a experimentar cambios significativos en el siglo XIX, ante todo en los países que más tempranamente realizaron la Revolución industrial y demográfica. En efecto, a partir de fines del XVIII las ciudades inglesas, primero, y otras, más tarde, dejaron de experimentar tasas negativas de crecimiento vegetativo, gracias a la reducción de la mortalidad. Pero no por ello los movimientos inmigratorios desaparecieron. De hecho se mantuvieron o aumentaron, lo que, como es sabido, aceleró considerablemente el crecimiento de la población urbana.

Los historiadores de la población mundial han mostrado el ritmo y las diferencias regionales de ese proceso. Y han estudiado esas "gigantescas migraciones" desde las areas rurales hacia los nuevos núcleos mineros, las áreas portuarias y las fábricas textiles y metalúrgicas de las ciudades británicas, francesas, holandesas o alemanas durante el XIX. En 1850 de 3,3 millones de habitantes que residían en Londres y en las 60 ciudades más importantes de Inglaterra, sólo 1,3 millones habían nacido en las ciudades en que residían; o lo que es lo mismo, el 60 por ciento de la población urbana eran inmigrantes; y en Londres, de 1.395.000 habitantes en 1850 sólo la mitad habían nacido en la capital. En el crecimiento de la población de París durante el siglo XIX hubo varios decenios en que el 80 e incluso el 90 por ciento del crecimiento de la población se debió al saldo migratorio, y como los inmigrantes eran predominantemente jóvenes, contribuyeron, además, a incrementar las tasas de fertilidad global Las cifras relativas de la población urbana tuvieron un rápido proceso ascendente hasta alcanzar ya porcentajes elevados a comienzos del XX: en Gran Bretaña, el 75 % del total nacional en 1911. Algo semejante ocurrió en España, auque con los conocidos desfases cronológicos.

En prácticamente todos los casos europeos podría decirse que se trata de un crecimiento urbano relacionado directamente con la migración interior de cada país. Pero las migraciones internacionales e intercontinentales adquirieron también a partir de este momento una dimensión masiva y dieron lugar asimismo a un fuerte crecimiento de las ciudades en las áreas receptoras.

Entre 1800 y 1930 unos 40 millones de europeos abandonaron el Viejo continente para ir a vivir otros países(9). Entre 1846 y 1932 llegaron a Estados Unidos 34,2 millones de inmigrantes; a Argentina y Uruguay 7,1; a Canadá 5,2; a Brasil 4,4; a Australia y Nueva Zelanda 3,4; a Cuba 0,9; y aunque algunos retornarían más tarde a sus países de origen, la inmensa mayoría permanecieron en el lugar de destino(10).

Casi todos los países americanos, más Australia, Nueva Zelanda y algunas regiones de Afríca colonizada por los europeos se convirtieron en áreas de fuerte inmigración en el XIX, y recibieron a masas de inmigrantes de múltimples nacionalidades.

En Estados Unidos la llegada de inmigrantes (hasta 1861 unos 5 millones y luego otros 4 millones entre 1865 y 1880, de los que al menos las tres cuartas partes se quedaron en el país) supuso la arribada de contingentes de origen y culturas muy diversas. A partir de 1880 la inmigración se intensificó. El desarrollo económico era ya importante y atraía a numerosos inmigrantes. Llegaron así más de 17 millones nuevos, de los que se quedaron 15 millones(11). Esos inmigrantes buscaron empleo en las ciudades, donde había demanda por la industrialización, llegando a constituir más de un tercio de los efectivos en las ciudades de más de 100.000 habitantes y el 66 % de la población urbana total.

Lo mismo sucedió en los países iberoamericanos durante el siglo XIX, aunque con un cierto retraso cronológico respecto a lo ocurrido en los Estados Unidos(12).

Los fuertes ritmos de crecimiento demográfico que tuvieron las ciudades más dinámicas de Europa y América son los que encontramos a lo largo de nuestro siglo en las de muchos países de otros continentes.

En los países considerados subdesarrollados la evolución ha sido semejante, aunque con proporciones e intensidad muy superior durante el siglo XX(13). Durante amplios períodos se pueden detectar crecimientos de hasta 7, 8 y 10 por ciento, y ello tanto en ciudades pequeñas como grandes.

Las razones de esos crecimientos tienen que ver, por un lado, con el movimiento natural, que se ha hecho fuerte con la rápida disminución de la mortalidad, manteniendo alta la fertilidad; y por otro, con las elevadas cifras de inmigración.